lunes, febrero 18

A la hora de la llave de gas


«Todo pasa siempre más rápido de lo que podría haber pasado»
a los chisporroteros


Todo hubiera sido muy diferente si hace seis años no me hubiese olvidado de verificar que todas las llaves de gas estuviesen bien cerradas antes de salir. Si no me hubiese olvidado al menos un día o por lo menos si no hubiese cedido ante la tentación de volver sobre mis pasos para verificar que todas las llaves de gas estuviesen perfectamente cerradas. Si una sola vez me hubiese olvidado de realizar mi ritual ridículo hubiera subido al colectivo en el que viajaba ella y me hubiera sentado en el único  asiento libre que  casualmente hubiese sido el de al lado suyo. Si por una vez hubiese sido un tanto desobediente no sólo me hubiera sentado junto a ella sino que le hubiera sacado algún tema de conversación y hubiera sabido que se llamaba Verónica Pazos, que venía del interior a estudiar quinesiología, que estaba sola en Buenos Aires y que nadie la esperaba en Concordia. 
Pero yo preferí hacer lo mismo de siempre cada día, cerrar perfectamente las llaves de gas de todo el departamento por la noche, revisar que estén bien cerradas, acostarme, dormir, despertarme, salir a la calle por la mañana, caminar hasta la esquina,  volverme y verificar que realmente las había cerrado bien… Sí, por ese vicio me perdí de conocer al amor de mi vida en el momento oportuno.
Esta tarde ella se sentó frente a mi escritorio. Vino a sacar un crédito porque se casa y “casada casa quiere”. Empezamos “¿Nombre?” “Verónica Pazos” “¿Lugar de nacimiento?” “Concordia, Entre Ríos” “¿Estudios?” y me contó de cuando se vino a estudiar quinesiología, de cuando vivió en una pensión de Almagro y de cuando tomaba el 141 a las 7:00 de la mañana, casualmente el mismo que yo perdía por supervisar el estado de las llaves de gas de todo el departamento.
Llegué a casa muerto de cansancio, pensando que ella tiene su crédito, que se va a casar y que va a vivir feliz para siempre con Sergio vaya a saber Dios en que rincón del planeta.
No comí, me acosté directamente. Pero eso sí, me aseguré de que ninguna llave de gas quede cerrada. 
Ojalá cuando vengan a buscarme a nadie se le ocurra encender la luz.

a Nicolás Fernández Garbin 

Gustavo Galeano

3 comentarios:

  1. no hombre. es muy posible que encuentres en tu vida a una Carolina Peleritti que quiera pedirte un credito para renovar su casa. Recientemente incendiada...

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